Quesos y vinos

blogerredas 31 Octubre, 2012 1


Existen gran cantidad de tipos de quesos, muchos de ellos no son tan reconocidos o tan comerciales pero no por eso son menos apetecibles y de buen sabor. Hoy os he preparado una corta de lista de solo algunos de los quesos españoles que debéis probar y acompaño a cada uno con el vino que mejor le resulta.

–    Xenestoso: es muy agradable a la vista, con las estrías formadas por los arnios de esparto utilizados para su elaboración. El vino recomendable sería un blanco de la denominación de origen Valdeorras, que estuviese fermentado en barrica. Habitualmente, no obstante, este queso se degusta con vinos tintos jóvenes y suaves. En la actualidad, la elaboración de este queso es muy escasa y queda exclusivamente reducida al pueblo del mismo nombre, situado en el concejo de Cangas del Narcea

–    La Peral: es un queso que como los demás azules asturianos se puede degustar como aperitivo o después de las comidas antes del postre. En ocasiones gusta de amasar este queso con una pequeña proporción de sidra, mezclándolo en la misma mesa como un rito, de manera que se forma una pasta untuosa fácilmente distribuible sobre trozos de pan, lo que al mismo tiempo suaviza su sabor. Aunque siempre se tuvo como axioma que los quesos fuertes habían de consumirse con vinos poderosos, tales como los tintos de crianza o reserva, modernamente se ensaya su consumo acompañados de vinos dulces, como pueda ser el Oporto.

–    Vidiago: para su degustación, los quesos de Vidiago se cortan en primer lugar por su mitad y seguidamente en triángulos longitudinales que permiten valorar las cualidades del queso íntegramente, del centro a los laterales, reconociendo el cambio de sabor según los niveles de curación. Los vinos rosados y blancos, siempre bien fríos, así como los jóvenes tintos con poca crianza son compañeros muy habituales. Muy especialmente se recomienda la sidra natural asturiana recién elaborada y a temperatura bien fresca, sin llegar al frío.

–    Beyos: en su posgusto posee la virtud de dejar un recuerdo en nuestro paladar aún después de haberlo consumido, evocando olores de avellana, heno, almendras amargas, roble o pan tostado. Se puede degustar en solitario con un buen pan de hogaza y acompañado de los buenos caldos del Penedés, tanto cava como vinos de aguja y si la hora fuese la crepuscular, es recomendable acompañarlo de los elegantísimos blancos aromáticos de Chardonnays o de Rieslíng.