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ERIAL 2006: CUANDO EL VITICULTOR SE HACE VALER




Cuando uno oye hablar de las familias en el mundo del vino, la mente se dirige rápido hacia grandes grupos vitícolas propiedad de la alta aristocracia de nuestro país.
Pero en todas las zonas  en las que el cultivo del viñedo ha sido tradicional, cada familia elaboraba en su humilde bodega esos caldos con los que pasar una grata velada en compañía de los suyos, para así poder “sacar pecho”, y relatar lo duros que fueron los trabajos en la viña para poder obtener esa joya.
Muchas de aquellas familias, cuando recogían en su seno a un joven que había estudiado lo suficiente, se embarcaron en el ilusionante y sacrificado proyecto de construir una bodega.
Este es el caso de mis buenos amigos, la familia Rivera Aparicio, de Pesquera de Duero.
Con apenas 20 hectáreas de Tempranillo, plantadas hace al menos ochenta años, y la ilusión que da la juventud, construyeron su pequeña bodega. De allí salen cada año unas 60.000 botellas de una de las últimas revelaciones en la Ribera del Duero.
Cuando el otro día fui a su casa, les pregunté por el “ERIAL 2006″.
Muchas veces haces preguntas esperando “largas cambiadas”, ya que sabes a priori que va a ser incómoda.
Sin embargo, ellos me dijeron: “Vamos a la bodega, y lo catas”.
2006 fué un año complicado en la Ribera. Una pluviometría excesiva en Agosto y Octubre, acompañada de un régimen de temperaturas excesivamente bajo, hicieron que la maduración de la uva no fuera óptima.
Sin embargo, en este tipo de añadas, el viticultor se hace valer. Con buena uva, se puede hacer buen o mal vino, pero con uva mala…….. Por eso, un año como 2006, ha demostrado en sus crianzas cuando el viticultor es un profesional de los pies a la cabeza, y gracias a pasar varias horas al día en la viña, supo regular la carga de las cepas, para quedarse con racimos sanos y de calidad.
Cuando llegamos a la bodega y abrimos una botella de 2006, yo esperaba que las expectativas creadas tan solo respondieran a la bravuconearía del castellano viejo.
Sin embargo, en la copa, el vino mostraba una estructura perfecta. Color vivo, lágrima prieta, limpieza total…lo que se puede esperar de un gran vino.
En nariz, el vino era un catálogo de frutas tropicales. Plátano, Mango, y por qué no decirlo, uva. Una gran demostración de una crianza perfecta.
En boca, la estructura es correcta. No podemos olvidar que se trata de un vino con más de 14 grados, pero el alcohol le da fuerza al vino. Ningún sabor más alto que otro. Ninguna arista. Sinfonía de tinta china. Tempranillo 100%.
Enhorabuena. El buen viticultor se ha hecho valer.




Comentarios Enviados

Estupendas notas y esplendidamente redactadas. Casi puedo sentir el sabor del queso y del vino que nos has relatado con tanto fervor y personalismo. Buen trabajo, amigo!!
Luis

Me ha gustado mucho este artículo. Da gusto leerlo, sigue así y enhorabuena.




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