Quesos de cabra: un tesoro por descubrir
Un profesor de la Universidad me dijo una vez que el sector del caprino en España, no solo era primario, sino primitivo. Aquella sentancia quedó marcada en mi mente, y cuando empecé a trabajar, viajando de allá para acá, me di cuenta de que aquello que aseguraba mi viejo maestro era una verdad como un templo.
Mientras la ganadería de vacuno de leche ya estaba totalmente mecanizada, y se regía por parámetros económicos y sanitarios, los ganaderos de ovino seguían su ejemplo. Pero el cabrero continuaba con su hatajo por el monte, sin más compañía que su perro y el cielo como techo.
Poco a poco todo ha ido cambiando, y las cosas se hacen de otra manera. Así, de las elaboraciones tradicionales de quesos frescos que los cabreros hacían en sus casas, hemos pasado a una industria pujante, que esconde algunos de los tesoros culinarios más expléndidos del mundo.
Extremadura, Andalucía, Murcia y el Sur de la provincia de Ávila, así como todo el archipielago canario, acogen entre su riqueza gastronómica algunos de los mejores quesos de cabra del mundo.
Para evitar problemas en la limpieza de la leche, usan pasterizadores en las fábricas, y se elaboran unos quesos de frescos o de curación media de tonos blancos, pasta compacta y con ausencia de ojos. En boca son algo ácidos, pero a la vez frescos, y todos con el inconfundible sabor de la cabra.Muy fundentes en el paladar y sin sequedad.
Cuando tengas que sorprender a alguien en la mesa, consume un queso de cabra: de verdad, es un tesoro por descubrir.
Tag: El vino

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