La extraordinaria Ribera del Duero

En la época de los romanos y monjes del medioevo comenzó a formarse la fama actual de los vinos de la Ribera del Duero. Se sabe que los romanos tenían viñedos para endulzar la vida de sus ejércitos y los monjes elaboraban el vino para sus misas y sobremesas. En 1982 los nobles productos de más de 250 bodegas, recibieron el sello de calidad de denominación de origen. Esos 115 kilómetros de largo por 35 de ancho, que incluyen las dos riberas del río a menos de dos horas de Madrid en auto, desafían a sus hermanos de cepaje riojano. Tanto que concentran más del veinte por ciento de los cultivos de vides de ese país y son segundos en venta entre los vinos con origen controlado, superando a zonas de bodegas antiguas como Navarra y Valdepeñas.
Aunque resulte obvio, no cualquier vino consigue la etiqueta redonda de autenticidad. Sólo los tintos con una graduación alcohólica adquirida mínima de 11,5 grados, que tienen como mínimo tres cuartas partes de “tinta del país” -la uva tempranillo, la que más se da en la región-, y los rosados, frescos y de copa fácil. Pero la uva tempranillo, que puede ser acompañada por cabernet sauvignon, malbec y merlot, no sería nada si como explican para publicitar la zona, el clima no ayudara: “Nevadas copiosas, vientos gélidos. Súbitas tormentas. Vientos desapacibles. Vientos áridos, ambiente caluroso y seco. Nuestra naturaleza es inimitable. Nuestros vinos también”. Y en realidad tienen razón.

En inviernos crudos y largos las mínimas llegan a los dieciocho grados bajo cero y en verano las máximas trepan por encima de los cuarenta. Por supuesto, no llueve demasiado -de 400 a 600 milímetros al año-, y las horas sol promedio superan las 2.400. Claro que para ampararse en las menciones tradicionales Crianza, Reserva y Gran Reserva que otorga la denominación de origen, los tintos deben cumplir con envejecimientos varios. Para los de Crianza, el período mínimo es de 24 meses, la mitad de los cuales deben pasarlos en barricas de madera de roble;para los Reserva, el plazo se estira a 36 meses, 12 en barricas de roble y el resto en botella; y para los Gran Reserva se exige 60 meses, de los que al menos 24 pasan en barricas de roble y el resto en botella. Pero hagamos nombres. Si hubiera que buscar una marca símbolo de la Ribera del Duero habría que ir hasta la segunda mitad del siglo XIX para encontrarse con el bautismo de fuego del Vega Sicilia, un tinto excepcional que desapareció por un tiempo por la severa plaga de filoxera de 1898, que dejó a toda una generación sin vinos. Ahora relucen otros nombres poderosos, como Alión, Pesquera Reserva,Matarromera,Abadía Retuerta Pago de Negralada y Finca Villacreces. Claro que no de cualquier cosecha. Con transparencia digna de mención en el sitio web oficial de las bodegas de la Ribera del Duero figura una calificación ecuánime de las cosechas. En este siglo fueron excelentes las de 2001 y 2004, y muy buenas las de 2007y 2008. Lo mismo, aunque las botellas correspondan a otros años, por las dudas fíjese en el precio antes de descorchar. No vaya a ser que se cruce por ahí con un elíxir como el Pingus 2004, que supera los mil euros.
Zona privilegiada
La Ribera del Duero está a caballo de cuatro provincias: Soria, Burgos, Segovia y Valladolid.
CARACTERÍSTICAS
Sus uvas: el 60% de los cultivos de la zona corresponde al tempranillo. También se dan el cabernet sauvignon, el malbec y el merlot. Rara vez, la garnacha y el albillo.
Sus vinos: tintos, de gradación noble, entre 13° y 13,5° promedio. De poderosos taninos y color rojo vivo. También se dan los rosados.



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Es realmente interesante saber hacerca del vino y sus procedencias.