Hoy es el momento de beber vino

Es bueno esto de guardar vinos, realmente me agrada. Guardar esas botellas especiales que nos prometen calidad y ver como van cambiando con el correr del tiempo. Hay muchos detalles en el vino; uno de ellos, quizás el más impactante, es precisamente esa capacidad para convertirse en otro, para modificarse muchas veces por completo mientras descansa dentro de la botella. Se compra algo y, no sé, diez años más tarde, quince años más tarde, uno se encuentra con una cosa totalmente diferente. Saber guardar las botellas adecuadas, es un arte, como también es un arte saber descorcharlas a tiempo, en el momento de su plenitud. Al igual que los seres humanos, como Ustedes ya saben, el vino pasa por etapas. La idea es descorchar cuando una botella esté en su meseta ideal. La fantasía de muchos coleccionistas que conozco es precisamente ésa: descubrir el momento exacto cuando un gran vino de guarda ha llegado finalmente allí; meses, años antes de que sucumba inevitablemente y ya no entregue nada. La muerte como la conocemos.
Me apasiona guardar botellas, pero más que por encontrar ese punto exacto, lo que me atrapa de este ejercicio es algo así como el “descorche emocional”. El vino es mucho más de lo que está dentro de la botella. Si no fuera así, esta bebida sería equivalente a tantas otras hechas en serie. Hablo del gran vino, por cierto, ése que tiene detrás a hombres, a una cultura; ése que esconde los secretos de un lugar y que sabe mostrarlos con la claridad de un espejo. Y el vino es también su entorno, lo que pasó cuando lo bebimos, las emociones que hubo allí, alrededor de la mesa, lo que sucedió ese día.
Me gusta guardar vinos para abrirlos cuando es necesario. Independiente del estado en el que esté, si la situación vale la pena, tengo total seguridad de que brillará sin complejos. Las celebraciones, los momentos de intimidad, una buena conversación, los reencuentros, las fiestas de fin de año, claro.
El agua divide; el vino une.
Uno puede pedirlo todo. Pedir, por ejemplo, que el momento de mayor plenitud de mi Burdeos tinto coincida con el matrimonio de mi hija, con el nacimiento de mi nieto o con la llegada de un viejo amigo. Me ha pasado, pero la verdad es que no estoy completamente seguro de si en realidad el vino estaba en su mejor momento, o el que estaba en su mejor momento era yo, con la mente dispuesta a encontrar los detalles que hacen de un buen vino, un vino superlativo. Esa alegría que ofrece una situación especial.
Por eso, mi consejo es arrasar con las mejores botellas cada vez que la situación lo amerite. Este fin de año que se aproxima, por ejemplo. Por qué no. Comenzamos algo nuevo, esperanzas en lo que viene, dejar a un lado doce meses buenos o malos, la perspectiva de un futuro. No veo mejor excusa para celebrar y tampoco puedo ver mejor excusa para abrir una gran botella. Así es que ¡salud! La cava está para usarla.


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