Armonía de vinos y postres

Está fuera de discusión que la cocina salada es la gran protagonista en el restaurante y que va acompañada muchas veces por un vino de aperitivo, un blanco, un tinto. Y, en el momento de la cocina dulce, la situacion de la mesa viene acompañada de un cansancio. La atención para gozar de todos los sentidos en los platos anteriores se puede ver distraída a partir de intercambiar gustos, armonías con platos y vinos. El análisis sensorial pierde percepción, se pierde concentración y llega en la mayoría de los casos agostado. Es éste es un factor muy importante en contra de las posibilidades de incentivar el maridaje de vinos y postres.
El otro aspecto interesante a observar es el análisis de los azúcares utilizados en los postres y que intervienen en la composicion del vino. Los azúcares de los postres son de carácter duro (glucosa, sacarosa, arabinosa) en tanto que los del vino son más débiles y menos expresivos. Una solución que facilitaría mucho el trabajo del Sumiller sería que los postres tuvieran una proporción de dulce muy moderada, para así poderlos confrontar con una más amplia variedad de vinos que en los casos de postres con dulzor extremo.

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